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Mosaico con azulejos rotos

Publicación: Lunes 10 junio, 2013


Revestir superficies con restos de azulejos rotos es una técnica sencilla con resultados muy vistosos. Se puede aplicar en una mesa, una mesa de baño, un cabecero, el marco de un espejo y cualquier otra superficie que se te ocurra. Es un estilo que nunca ha pasado de moda desde que Gaudí lo empleara en la arquitectura modernista.

La belleza de esta técnica, denominada trancadís, es que los objetos decorados con ella captan la luz con un brillo y un cromatismo peculiares. Y además es un acabado muy sencillo de realizar para dar una segunda oportunidad a objetos que ya no nos gustan como mesas de hierro, cabeceros sencillos de aglomerado laminado, marcos de espejo deteriorados, macetas de terracota, etc.

Limpieza e imprimación
Lo primero es limpiar bien la superficie, retirando cualquier resto de grasa que impida la adherencia de la imprimación que vamos a dar. Para ello se puede utilizar amoniaco rebajado en agua. Si se trata de hierro se aplican dos manos de minio, que evitarán su oxidación y se pintan los bordes que vayan a quedar a la vista con un esmalte satinado del color que más guste. Si es de cualquier otro material, desde los aglomerados con lámina a la terracota, se trata de aplicar una selladora adecuada o Alkil rebajado en agua. En una superficie suave, habrá que lijar previamente para facilitar la adherencia.

Boceto y trazos
Realiza un boceto con los trazos que te gustan y traza el diseño con lápiz o tiza sobre la superficie. Las formas geométricas como triángulos, círculos y rombos repartidos por la superficie quedan muy bonitas, aunque también las suaves ondulaciones.

Composición y adherencia
Agrupa los azulejos por colores y golpéalos con un martillo para fracturarlos. Protege los ojos con unas gafas porque saltarán esquirlas. Ahora reparte en recipientes los azulejos rotos por colores. Coloca los trozos y cuando te guste la composición, emplea para pegarlos un adhesivo especial para cerámica. Los trozos deben quedar separados entre sí unos milímetros, siempre los mismos aunque midas a ojo. Una forma de asegurar que todos los fragmentos quedan nivelados es colocar una tablilla y un taco mártir sobre ellos e ir golpeando suavemente con un martillo.

Pasta para unir
Llega el momento de aplicar la pasta para unir las piezas. Se trata de un cemento específico que ya viene coloreado y que se mezcla con agua en las proporciones citadas por el fabricante. Es importante que sea de unir para que tenga plasticidad y no se agriete al secar. Humedece la superficie del mosaico con un pulverizador con agua y vierte la pasta, extendiéndola con ayuda de una espátula, y cuidando de que no forme burbujas. Retira el exceso de pasta.

Limpieza de la superficie y acabado
Antes de que la pasta se seque totalmente, pasa una esponja humedecida pero bien escurrida por toda la superficie. Es necesario ir aclarando la esponja constantemente para retirar la pasta. Una vez seca la pasta se limpia el velo que ha quedado adherido sobre la superficie vítrea frotando con papel de periódico.

Fotografías: Victoria Campill, Pamesa, Dremel

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